domingo, 14 de octubre de 2012

Oye ...



Oye mi ruego Tú, Dios que  no existes...
(Miguel de Unamuno)

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes
y para que me escuches te reinvento.
De este momento de mis horas tristes,
de mi desolación, oye el lamento.

Óyeme Tú, que estoy desasistida,
no distingo mentira de verdad
y le temo a la muerte y a la vida
en compañía de mi soledad.

Aclárame si puedes, te lo pido,
no comprendo por qué vine a nacer
en este mundo injusto, sin sentido,
si nadie preguntó mi parecer.

Te acuso de mi vida y de mi muerte
y de que permanezcas siempre inerte.

 
Idella Esteve

6 comentarios:

Verónica dijo...

Hermoso, y con tantas dudas.
La vida es muy sencilla, la hacemos complicada las personas (algunas, más que otras)
Besitos, muy buena noche

Antonia Cerrato dijo...

Idella, esa angustia vitalista, ese deseo de saber es tan inherente al ser humano... pero nunca estamos desasistidos, hay un Padre que vela por todos, aunque nos parezca siempre inerte. Te recomiendo "Huellas en la arena" de Anthony de Mello.
Un abrazo.

Rafael dijo...

Precioso soneto con ese fondo profundo al que tantas veces hemos recurrido todos, (como Miguel Unamuno en su día).
Un abrazo en la noche, Isabel.

Maritza dijo...

MUY INTENSO, ISABEL QUERIDA.
TE ABRAZO FUERTE.

alpuymuz dijo...

Unamuno tan en humano fuerte, como imaginas y compaginas...
Hermosa recreación. Me ha gustado.
Saludos

Jerónimo dijo...

Un buen soneto a la propia duda existencial,esa que nos asalta a todos alguna vez o muchas veces,depende de cada uno.
Es curioso como recurrimos a ese dios en el que no creemos.Debe de ser porque necesitamos que alguien nos explique este tinglado absurdo que es la vida.